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¿Eres feliz?

-¿Eres feliz?- preguntó mientras apartaba la vista del celular.

Había permanecido en silencio, haciendo zapping, sin preguntar mucho. Atendía algunas conversaciones virtuales -imagino que más interesantes que lo que ocurría en aquel cuarto de televisión-, veía la vida pasar desde el sillón.

- Sí, supongo que sí- dije mientras hacía a un lado mi móvil.- Lo que aprendí es que debo quitarme esa idea romántica de la felicidad como estado permanente; apreciar las pequeñas cosas, agradecer...tengo piernas, me puedo mover, hablar y una fuente ingresos. Supongo que soy feliz-.

Me miró de reojo, sin aprobar lo que dije.

Hace tiempo que está en ese hoyo pero antes su ánimo fluctuaba. Ahora es un constante abismo, un hoyo negro que consume pero no se alimenta. Todo le pasa de largo, no lo atraviesa nada.

He tenido un par de días con él, casi una vida juntos. Juntamos nuestras soledades para ver algunas series, cocinar y comer con la seguridad de que si nos atragantamos habrá alguien que llame a…
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La respuesta

Suena Calvin Harris. El falso café colombiano descansa en mi escritorio junto a los dos teléfonos -no, no es presunción, es la necesidad de separar por un momento mi vida personal del trabajo-.

Ayer (con los hombros desgajados de dolor, con los pies fríos y la cabeza caliente) tuve un día violento, que comenzaría con un irreversible final a la que considero mi relación más larga: trece años con vaivenes, intermitencias y silencios, pero en la compañía eterna de quien sabe que tiene un cómplice.

¿Y cómo me sentía a las tres de la tarde? Sentía frío y calor, tenía mucha hambre y respiraba con tranquilidad. No es que no me importe -porque aún hoy no puedo dejar de darle vueltas al asunto-, es que por estos días he comenzado a abrir puertas y ventanas para sentirme inmensa.

Tres cosas decreté a partir de aquella mañana que desperté lúcida y de buen humor: AMAR INMENSAMENTE, PERDONAR Y SER FELIZ. Heme aquí.

A tropiezos voy comprendiendo que no soy la medicina de todo el mundo, que no todo…

Al doblar la esquina

Bailar con todo el cuerpo.
Correr cuando no tengo idea de qué hacer.
Aplicar la ley del talión, la de hielo y al final, la de Herodes.
MUDARME a un 3x2 para no dejar espacio a las recochinas dudas.
Defender lo que pienso.
Hacer a cada momento justo lo que estoy sintiendo.
Llorar sin dar explicaciones.
Hacer otra lista con los libros y dvd que me quiero regalar.
Comprar las zapatillas azules.
Extender las alas y sentirme orgullosa de ellas.
Encontrar un entrenador personal.
Escribir largas cartas de agradecimiento y buenos deseos para todos los que me abandonaron.
Sentir hasta que duela.
RESURGIR.
Dejar de compararme con todas ellas.
Escribir una lista de mis virtudes y defectos.
Aprender que el camino se termina en solitario.
Gemir y gritar de puro placer sexual.
Ser dueña de mi silencio.
Ayudar a los chicos, los animales y los desorientados.
Hacer una amiga.
Encontrar un tema para fotografiar.
Comprar un proyector.
Cambiar el soundtrack por completo.
Quererme y aceptarme con …

Monólogo

- Hace frío, no? - dice una voz ronca, casi masculina, mientras una cajetilla de cigarros se me aproxima.
Alzo la vista.
Detesto la interrupción. Acaso no leyó "El viaje del elefante" de José Saramago? Una reina llorando es un espectáculo que debemos evitar, carajo!
La mano con los cigarros insiste. Demonio que tienta mi voluntad de dejar de fumar. Con la voz entrecortada alcanzo a decir "no, gracias". Tengo la esperanza de que las frases cortas la hagan desaparecer.
- Bueno, siempre habrá refugio para un fumador - dice como lamentándose y guarda elegantemente la cajetilla en el abrigo gris.
Apenas he querido verla. Me incomoda su presencia. Sufro una catarsis, tengo un mar de lágrimas protestando en la nariz, y a esta tipa se le ocurre venir a coquetear. Bien ha dicho mi madre que parezco machorra.
Hago el ademán políticamente correcto de la despedida y su mano me detiene. Me jala, luego me empuja hacia la banca.
- Anda, disfruta un poco el paisaje...no te parec…

Modelo de familia I

I

Una vez más el silencio incómodo al otro lado de la línea.
Supongo que Alicia me ve una cara de idiota, o quizá de enfado (al final del día, ambas son la misma cosa en mí). Atino a señalar en la pizarra "café del día" y con el índice la cantidad.  

Traigo en la boca un cigarro más húmedo que yo -y no doy pie a una discusión, sólo termino con ella antes del revuelo-. De alguna manera hay que palear la ansiedad y le ha tocado ser una especie de babero para mí. 

Decidí dejar de fumar por enésima vez; la última vez que lo intenté, pude dejarlo por un año y  meses. 
Luego, el detonador, la rebeldía y juas, la cajetilla de nuevo en el bolso.

II

Busco un asiento apartado y cercano a la ventana.
A veces quisiera arrojar los móviles y que les pasara un auto encima.
Simplemente volver a experimentar la libertad. Soy una esclava de mis preocupaciones.
Preferiría ser una esclava de mis aficiones, como escribir y leer poesía.
También he sentido la necesidad de aprender a meditar y leer más periód…

A la celulosa, lo que es de la celulitis (o Los golpes de la edad)

Quizá si Gustavo García -QEPD- no me hubiera dado clases, jamás habría encontrado el camino al cine.
Ayer encontré la conexión entre el cine y la vida.
Es un punto de inflexión y seguramente a todos nos llega en diferente época.
Poco hay de nuevo bajo el sol, y casi todo en cuanto a tecnologías ecoamigables.
Así que partí de dos historias repetidas hasta el cansancio para ordenar mis ideas, calmar mis emociones y reafirmar mis sentimientos.

Una vida enredada, exquisítamente decorada con dramas cotidianos y desoladores.
Ya sean los 40, los 30 o la edad que sea, el timing es algo personal y cuando uno dice "estoy viejo" como si la voz saliera de entre maderos apolillados, es porque ya está instalado en esa posición.

Lo he dicho antes: estoy vieja.
Y aún así, ayer comprendía que la vida es corta, que debemos superar lo más pronto posible los desaires, los malos entendidos y sí, discutir de vez en cuando, con argumentos poderosos aunque no invencibles.
El juego de la vida no va…

Debo aprender a dibujar

[...para poder mentar madres de una forma bella y educada]

Me gustaría un poco más de atención.
Y algo más de interés en mantener el maldito interés.
Quizá agregaría un kilo de bellas, enormes, regordetas BUENAS INTENCIONES.
De esas que cruzan el atlántico, sacan el impermeable, las botas de hule y se aferran a la soga de salvación.
Quitaría en definitiva esa manía de decidir por mí, de obviar mis respuestas y no darme el beneficio de la duda, colocando sobre mi cartoon una de las 25 mil reacciones habituales.

Sí, lo extraño. Hace mucho tiempo que no es el que me conquistó, con una sutil imagen de las manos de un hombre apretando unos glúteos firmes. Ya no es fuego, ni huracán, ni el joven que insolente metía las manos bajo mi falda en el coche estacionado sobre la avenida.

Agridulce, tierno y violento, con iniciativa.
El maestro lo ha dicho mejor...por ahora, no quiero escenas del sofá.