mayo 29, 2013

El edificio del costado está lleno de cicatrices, se yergue victorioso en su escarlata cotidianidad. Es una vista inmejorable, pienso, para este último día de letargo.

Sonó la alarma y sólo pensaba en quedarme, abrazada por la almohada, tras las cortinas cerradas de una ciudad insinuante.

En cambio, como todo suicida, me he puesto una falsa actitud de bienestar y he salido a tomar un desayuno completo, ese que no sé cuándo podré volver a tomar. 

El lugar es agradable, la gente joven y amable. Este es un mundo en el que podría vivir: todo lo que he construido se derrumba en un tris-tras. Y esa ventana, ese escaparate...el edificio lleno de cicatrices diciendo "epa! No voltees hacia atrás, mírame. Mírate a través de mí: herido, repellado pero erguido, en pie de lucha".

Y no puedo evitar pensar si en lugar de ese edificio existiera una sucursal de banco, o un restaurante de apretados. Definitivamente este lugar no tendría su encanto. Es su marca.

Y yo, qué sería de todos los que me aman si en mi lugar hubiera algo más?

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