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A la celulosa, lo que es de la celulitis (o Los golpes de la edad)


Quizá si Gustavo García -QEPD- no me hubiera dado clases, jamás habría encontrado el camino al cine.
Ayer encontré la conexión entre el cine y la vida.
Es un punto de inflexión y seguramente a todos nos llega en diferente época.
Poco hay de nuevo bajo el sol, y casi todo en cuanto a tecnologías ecoamigables.
Así que partí de dos historias repetidas hasta el cansancio para ordenar mis ideas, calmar mis emociones y reafirmar mis sentimientos.

Una vida enredada, exquisítamente decorada con dramas cotidianos y desoladores.
Ya sean los 40, los 30 o la edad que sea, el timing es algo personal y cuando uno dice "estoy viejo" como si la voz saliera de entre maderos apolillados, es porque ya está instalado en esa posición.

Lo he dicho antes: estoy vieja.
Y aún así, ayer comprendía que la vida es corta, que debemos superar lo más pronto posible los desaires, los malos entendidos y sí, discutir de vez en cuando, con argumentos poderosos aunque no invencibles.
El juego de la vida no va de quién gana, sino de quién le saca más jugo a cada momento.

Algo es seguro: nacimos y moriremos solos.
Pero vivir acompañado es la mejor experiencia, y la mejor escuela.
Decidí que quiero pasar mis días a su lado, como extraordinarios cómplices.

Si es el marido de alguien más, lleva al parque a un par de gemelos que no son míos, y si decide morir antes, quiero estar ahí.

Decidí ser su compañera de vida, y ningún título pesará más.


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