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Monólogo

- Hace frío, no? - dice una voz ronca, casi masculina, mientras una cajetilla de cigarros se me aproxima.

Alzo la vista.
Detesto la interrupción. Acaso no leyó "El viaje del elefante" de José Saramago? Una reina llorando es un espectáculo que debemos evitar, carajo!

La mano con los cigarros insiste. Demonio que tienta mi voluntad de dejar de fumar.
Con la voz entrecortada alcanzo a decir "no, gracias". Tengo la esperanza de que las frases cortas la hagan desaparecer.

- Bueno, siempre habrá refugio para un fumador - dice como lamentándose y guarda elegantemente la cajetilla en el abrigo gris.

Apenas he querido verla. Me incomoda su presencia. Sufro una catarsis, tengo un mar de lágrimas protestando en la nariz, y a esta tipa se le ocurre venir a coquetear. Bien ha dicho mi madre que parezco machorra.

Hago el ademán políticamente correcto de la despedida y su mano me detiene. Me jala, luego me empuja hacia la banca.

- Anda, disfruta un poco el paisaje...no te parece que el frío le pone guapura a las calles de esta ciudad? Anda, mira...claro, primero sécate esas pinches lagrimotas -.

Ahí estaba. Ese gesto me parecía conocido, esa manera de soltar la lengua como látigo.
Entonces mi gesto cambia. Las cejas que antes denotaban un sinuoso y continuo lamento, ahora se cierran en un entrecejo agreste. Algo como una úlcera me arde por dentro.

No digo nada, fiel a mi costumbre. 
Ella en cambio, decidió continuar el monólogo.

- Hace tiempo que te observo, sabes? Me parece muy idiota de tu parte esperar mucho, siempre tanto, de los demás. Las expectativas son para los enanos de mente - dice mientras menea la cabeza con cadencia de un lado a otro, y continúa - aunque ahora que lo digo, creo que tampoco eres una mente privilegiada, más bien pareces...- no quiero continuar escuchándola. Advierte que mis manos ya impulsan mi trasero desde la banca.

- No seas cobarde, afróntalo de una vez. Eres una bloffeadora extraordinaria. Bravo!! Casi me lo trago, eh? La vida ajetreada, las múltiples responsabilidades, el mundo sobre tus hombros...patrañas!-.

En este punto, el enojo se ha apoderado de mi frente. La sien me taladra. Estoy por abrir la boca.
Levanto la vista en su lugar. Tremendo error. 
La cara luminosa me recuerda a alguien.

Ahora entiendo la extrema confianza, el desparpajo. Pero quién carajos es? Asoma por la fosa de sus ojos un negro destellante, en una mirada cautivadora. Hay una sonrisa chueca en su boca. Y su expresión...

Fuma, jala fuerte. Sólo entonces caigo en cuenta de quién es.

Sólo hay una boca pequeña, de dientes grandes, capaz de aspirar a través de un filtro aplastado por la ansiedad en los dedos diestros.

- Parecías más alta - digo con desprecio.

Una nausea que viene desde el bajo vientre recorre mi garganta, mientras mis manos ansiosas por fin encuentran el encendedor y hacen su chispa brillar.

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